VELOCIDAD LECTORA
Introducción
Los niños sometidos a un proceso sistemático de lectura, logran normalmente una fluidez para leer que les permite aprender y gozar con los textos.
En los primeros tramos del período de aprendizaje, el número de palabras leídas por minuto se asocia a la comprensión. Más adelante, ésta relación se va acentuando. Así, en la mayoría de los casos, una lectura más rápida hace más eficiente el proceso de lectur.
Le velocidad lectora está influida por la frecuencia con que se relata cuentos a los niños, por el número de lecturas personales, por el tiempo que se destina en clases a lectura remedial, en resumen, por la exposición a material escrito.
Se recomienda tomar velocidad lectora como un indicador del trabajo lector realizado en clases y en la casa.
Cómo evaluar la velocidad lectora
La evaluación de velocidad lectora en el Colegio San Joaquín es externa. Esto significa que la toma una persona distinta que la profesora del curso. Se toma tres veces al año (abril, agosto y diciembre de 2° a 8° básico y sólo diciembre para los alumnos de 1° básico), y es la directora quien lo hace, en este caso.
La velocidad lectora es evaluada en forma individual, en un lugar tranquilo y silencioso. Al niño se le entrega un texto absolutamente desconocido para él, con un índice de legibilidad adecuado para su curso. Se le pide que lea lo más rápido posible y sin equivocarse durante un minuto. El evaluador tiene en sus manos el mismo texto con el número de palabras correspondientes.
Mientras el niño lee, el evaluador marca en una hoja las faltas cometidas. Son faltas las palabras mal leídas, omitidas, inventadas, tartamudeadas, etc., y todo lo referente a ortografía puntual que no sea respetado.
Al cabo de un minuto se indica al niño que debe detenerse. Al número de palabras leídas se restan los errores.
Es importante dar a conocer al alumno el resultado obtenido inmediatamente, ya que genera un sentido de superación personal.
La velocidad lectora no es evaluada con nota, sólo es una evaluación externa que permite ver la calidad de la lectura de los alumnos y tomar las medidas y actividades remediales correspondientes a cada caso.
Lecturas para la evaluación
Las lecturas escogidas para la evaluación de la velocidad lectora deben ser adecuadas a cada curso. Deben responder a un índice de legibilidad adecuado a la edad de los niños. El índice de legibilidad de un texto se determina por la cantidad de palabras monosílabas, disílabas, trisílabas, polisílabas que contiene, por el tamaño de la letra, el corte de palabras de una línea a otra, el vocabulario, la variedad de puntuación ortográfica, etc.
Las lecturas que se toman en el colegio San Joaquín son las mismas desde hace 10 años, lo que ha servido para comparar en el tiempo los niveles entre sí. Éstas fueron escogidas por Ximena Torres, Directora del colegio y pueden ser encontradas en el archivo “Textos para medir la Velocidad Lectora”. Debido a que la evaluación pierde validez si los alumnos conocen el texto que leer, este documento necesita una clave para su lectura. Para acceder a ésta escríbanos a portal@educandojuntos.cl, identificando desde dónde nos escribe, la utilización que se le dará al documento y alguna referencia personal.
Tabla para la evaluación de velocidad lectora
La norma, incluida en la tabla, se elaboró en base a lo que leen los niños sometidos a un proceso educativo de calidad. Ésta debe usarse como una referencia de lo que se espera en cada curso.
Lectura |
1°básico
|
2°básico
|
3°básico
|
4°básico
|
5°básico
|
6°básico
|
7°básico
|
8°básico
|
Muy rápida
|
56
|
84
|
112
|
140
|
168
|
196
|
218
|
239
|
Rápida
|
47-55
|
74-83
|
100-111
|
125-139
|
150-167
|
178-195
|
200-217
|
221-238
|
Media alta
|
38-46
|
64-73
|
88-99
|
111-124
|
136-149
|
161-177
|
182-199
|
203-220
|
Media baja |
29-37
|
54-63
|
76-87
|
97-110
|
120-135
|
143-160
|
164-181
|
185-202
|
Lenta
|
22-28
|
43-53
|
64-75
|
85-96
|
104-119
|
125-142
|
146-163
|
167-184
|
Muy lenta
|
21
|
42
|
63
|
84
|
103
|
124
|
145
|
166
|
Cómo mejorar la velocidad lectora
Para mejorar los resultados de la velocidad lectora es recomendable tener un plan lector en el colegio. En el Colegio San Joaquín se realizan las siguientes actividades:
<!--[if !supportLists]-->· <!--[endif]-->Diez minutos diarios de lectura remedial en la sala de clases. Ésta puede ser individual o coral. Los niños deben aprender a leer en voz alta y para ello deben ejercitar. El profesor da el ejemplo de la lectura imprimiendo la entonación necesaria para dar énfasis en la puntuación ortográfica.
<!--[if !supportLists]-->· <!--[endif]-->Se entrega a los apoderados un calendario de 10 minutos diarios de lectura para los niños en la casa, de manera que puedan controlar a sus hijos.
<!--[if !supportLists]-->· <!--[endif]-->Se publica en la sala de clases los resultados obtenidos en cada evaluación, para que los alumnos vayan viendo su progreso a lo largo del año.
<!--[if !supportLists]-->· <!--[endif]-->Es recomendable comunicar a los apoderados el resultado de la evaluación de sus hijos y el nivel esperado para su nivel escolar.
<!--[if !supportLists]-->· <!--[endif]-->Relatar cuentos, analizar lecturas para desarrollar comprensión, redacción a partir de estructuras dadas, incentivar la investigación a través de la lectura.
<!--[if !supportLists]-->· <!--[endif]-->Nunca se debe tratar de aumentar la velocidad lectora haciendo ensayos de lectura donde la comprensión, el goce y el fondo del escrito pasen a segundo plano.
Presentación de los resultados
Para resumir los datos de los cursos y poder comparar fácilmente los avances de un año a otro se utiliza el cuadro que se presenta a continuación. Para estimar el rango que se considera adecuado para cada curso se utilizó la velocidad “media baja” y “media alta” según la tabla anterior.
En el siguiente ejemplo, los niños que están en la diagonal roja estarían leyendo de acuerdo al promedio esperado para su curso. En los casilleros hacia la izquierda, del número en rojo de cada curso, se ubicarían aquellos niños que lo hacen a velocidad lenta y muy lenta para su edad. Si se desplazan hacia la derecha es que su velocidad es rápida o muy rápida para su edad.
A continuación y a modo de ejemplo, se incluye una tabla resumen con los resultados de la evaluación de velocidad lectora en el Colegio San Joaquín.
Velocidad lectora diciembre 2000 Colegio San Joaquín
1°básico
|
2°básico
|
3°básico
|
4°básico
|
5°básico
|
6°básico
|
7°básico
|
8°básico
| |||
No leen
|
20-50
|
51-73
|
74-99
|
100-124
|
125-149
|
150-157
|
177-185
|
186-200
|
En y Sobre
Vel. Media*
| |
2° básico
|
0%
|
34%
|
37%
|
16%
|
10%
|
0%
|
0%
|
0%
|
0%
|
66%
|
3° básico
|
0%
|
11%
|
6%
|
47%
|
14%
|
14%
|
19%
|
3%
|
0%
|
83%
|
4° básico |
0%
|
6%
|
12%
|
54%
|
25%
|
3%
|
0%
|
0%
|
0%
|
28%
|
5° básico |
0%
|
0%
|
8%
|
8%
|
31%
|
26%
|
17%
|
10%
|
0%
|
53%
|
6° básico |
0%
|
0%
|
0%
|
8%
|
51%
|
27%
|
8%
|
0%
|
6%
|
14%
|
7° básico
|
0%
|
0%
|
4%
|
11%
|
30%
|
30%
|
23%
|
0%
|
4%
|
4%
|
8° básico
|
0%
|
0%
|
8%
|
21%
|
13%
|
25%
|
25%
|
4%
|
4%
|
4%
|
Nota: Los cursos puestos en la fila superior son sólo una referencia y hay que interpretarlos con cautela cuando se trata de adjudicarlos a porcentajes de niños que no están en la diagonal. Esto es así porque, por ejemplo, el porcentaje de niños que lee entre 100 y 124 palabras por minuto en 6° básico ( 51% en este caso) no necesariamente está leyendo como los niños de 4° básico debido a que fueron evaluados con lecturas más difíciles que las que se les exigieron a ese curso. Seguramente si estos alumnos de 6° básico tuvieran que leer los textos de 4° básico alcanzarían un nivel de lectura superior.
*Sumatoria de la diagonal en rojo hacia la derecha. Corresponde al porcentaje de niños que leen por sobre una velocidad media.
Las velocidades aceptables al finalizar cada curso son las siguientes.
1° Básico: 30 palabras por minuto
2° Básico: 70 palabras por minuto
3° Básico: 100 palabras por minuto
4° Básico: 120 palabras por minuto
5° Básico: 160 palabras por minuto
6° Básico: 200 palabras por minuto
TEXTOS PARA EVALUACIÓN DE VELOCIDAD LECTORA
COLEGIO SAN JOAQUÍN
Las lecturas que se utilizan para controlar la velocidad lectora desde la Dirección del colegio, fueron elegidas por Ximena Torres Rodríguez, directora.
Las lecturas deben ser adecuadas para cada curso, esto quiere decir que se deben contemplar los siguientes puntos, al elegir el texto:
<!--[if !supportLists]-->· <!--[endif]-->Cantidad de palabras monosílabas, disílabas, trisílabas, polisílabas, presentes en el texto.
<!--[if !supportLists]-->· <!--[endif]-->Tamaño de la letra.
<!--[if !supportLists]-->· <!--[endif]-->Dificultad del vocabulario empleado.
<!--[if !supportLists]-->· <!--[endif]-->Separación de sílabas en una palabra.
<!--[if !supportLists]-->· <!--[endif]-->Ortografía puntual.
El siguiente cuadro corresponde a la lista de lecturas que se toman en el colegio San Joaquín para evaluar la velocidad lectora. Los alumnos son evaluados tres veces al año, a excepción de primero básico que sólo se mide a final de año. Es muy importante que los niños no conozcan previamente el texto, porque esto desvirtúa la medición de velocidad que se pretende realizar.
CURSO |
ABRIL
|
AGOSTO
|
DICIEMBRE
|
1° básico
|
La casita de caramelo
| ||
2° básico
|
La abeja agradecida
|
La hormiguita cantora
|
La escuela del fondo del mar
|
3° básico
|
Encuentro con los amigos
|
Los dinosaurios
|
Aventuras del señor conejo
|
4° básico
|
Las plantas tienen vida
|
Viaje al centro de la tierra
|
Las estrellas
|
5° básico
|
Los ríos y las montañas de Chile
|
Los siete cabritos
|
El muñeco de Julián
|
6° básico
|
Historias de los amigos de Azulina
|
Amanecer
|
El anillo del pastor
|
7° básico
|
Infancia y poesía
|
Los mares de Chile
|
Frontera norte
|
8° básico
|
La feria de Chillán
|
Cabo de Hornos
|
Atardecer
|
En las siguientes páginas podrán encontrar los textos anteriormente señalados, en dos versiones. Una de ellas está acompañada por el número de palabras y puntuaciones del texto, de manera de facilitar el conteo para el examinador. La otra corresponde al texto que leerá el alumno.
La abeja agradecida.
|
4
|
Una linda paloma blanca había ido a posarse |
12
|
en la rama de un árbol, junto al cual corría un
|
24
|
limpio arroyo. De pronto una abejita se acercó a
|
34
|
beber, pero resbaló y fue arrastrada por la co-
|
43
|
rriente.
|
45
|
La paloma, que había visto lo sucedido, voló
|
55
|
hacia ella y pudo sacarla con el pico.
|
64
|
Poco después un cazador, al divisar a la paloma,
|
75
|
se dispuso a darle muerte. Rápidamente acudió
|
83
|
la abeja y, para salvar a su bienhechora, fue a
|
95
|
picar la mano del hombre.
|
101
|
Por efecto del dolor el cazador sacudió el brazo,
|
111
|
fallando así el disparo.
|
116
|
La linda palomita blanca acababa de recibir
|
123
|
una hermosa recompensa por su buena acción.
|
131
|
La abeja agradecida.
|
Una linda paloma blanca había ido a posarse |
en la rama de un árbol, junto al cual corría un
|
limpio arroyo. De pronto una abejita se acercó a
|
beber, pero resbaló y fue arrastrada por la co-
|
rriente.
|
La paloma, que había visto lo sucedido, voló
|
hacia ella y pudo sacarla con el pico.
|
Poco después un cazador, al divisar a la paloma,
|
se dispuso a darle muerte. Rápidamente acudió
|
la abeja y, para salvar a su bienhechora, fue a
|
picar la mano del hombre.
|
Por efecto del dolor el cazador sacudió el brazo,
|
fallando así el disparo.
|
La linda palomita blanca acababa de recibir
|
una hermosa recompensa por su buena acción.
|
ENCUENTRO CON LOS AMIGOS.
|
5
|
Pablo caminaba rumbo al colegio.
|
11
|
Estaba contento, aunque un poco preocupado.
|
19
|
En el camino iba pensando. ¿Cómo estarán mis compa-
|
31
|
ñeros? ¿Quién será mi profesora? ¿Cómo me irá este
|
42
|
año?
|
44
|
Mientras se hacía estas preguntas, casi sin darse cuen-
|
53
|
ta, llegó al colegio.
|
69
|
Una vez en el patio, sus compañeros lo vieron y corrieron
|
71
|
a saludarlo. Al encontrarse entre amigos, olvidó sus preo-
|
81
|
cupaciones.
|
83
|
Todos hablaban al mismo tiempo, haciendo muchas pre-
|
91
|
guntas y tratando de contar lo que había hecho durante
|
101
|
las vacaciones.
|
104
|
Mientras conversaban alegremente, sonó la campana
|
111
|
llamándolos a clase.
|
115
|
Al entrar a la sala de tercero, tuvieron la agradable sor-
|
126
|
presa de ver a la señorita Marcela, su profesora del año
|
138
|
anterior, que los esperaba sonriente.
|
145
|
ENCUENTRO CON LOS AMIGOS.
|
Pablo caminaba rumbo al colegio.
|
Estaba contento, aunque un poco preocupado.
|
En el camino iba pensando. ¿Cómo estarán mis compa-
|
ñeros? ¿Quién será mi profesora? ¿Cómo me irá este
|
año?
|
Mientras se hacía estas preguntas, casi sin darse cuen-
|
ta, llegó al colegio.
|
Una vez en el patio, sus compañeros lo vieron y corrieron
|
a saludarlo. Al encontrarse entre amigos, olvidó sus preo-
|
cupaciones.
|
Todos hablaban al mismo tiempo, haciendo muchas pre-
|
guntas y tratando de contar lo que había hecho durante
|
las vacaciones.
|
Mientras conversaban alegremente, sonó la campana
|
llamándolos a clase.
|
Al entrar a la sala de tercero, tuvieron la agradable sor-
|
presa de ver a la señorita Marcela, su profesora del año
|
anterior, que los esperaba sonriente.
|
LAS PLANTAS TIENEN VIDA
|
4
|
Además de los animales, existen otros seres con vida que viven fijos
|
17
|
a la tierra, de la que se alimentan. Son las hierbas, arbustos y árboles, que
|
36
|
reciben el nombre de plantas o vegetales.
|
44
|
Sin las plantas, no tendríamos alimentos vegetales, no vivirían los
|
56
|
animales, no habrían casas, ni barcos, ni aire puro. Sin las plantas no
|
73
|
podríamos vivir.
|
76
|
Existen muchas clases de plantas.
|
82
|
Unas se distinguen por su gran tamaño, como el roble, el álamo y el
|
98
|
pino. Otras son medianas, como el rosal y el limonero. Algunas son pe-
|
113
|
queñas, como el musgo de los prados.
|
122
|
A las plantas les ocurre lo mismo que a los animales, pues como
|
136
|
tienen vida, nacen, crecen, se alimentan, respiran, tienen hijos, envejecen
|
152
|
y mueren.
|
155
|
A diferencia de los animales, que se trasladan de un lugar a otro y
|
170
|
tienen órganos de los sentidos, las plantas viven fijas y no tienen
|
183
|
sentidos.
|
185
|
Algunas plantas sólo duran un año o menos, y otras pasan de cien
|
199
|
años de vida.
|
203
|
(fragmento)
Elio Arrechea
español
LAS PLANTAS TIENEN VIDA
|
Además de los animales, existen otros seres con vida que viven fijos
|
a la tierra, de la que se alimentan. Son las hierbas, arbustos y árboles, que
|
reciben el nombre de plantas o vegetales.
|
Sin las plantas, no tendríamos alimentos vegetales, no vivirían los
|
animales, no habrían casas, ni barcos, ni aire puro. Sin las plantas no
|
podríamos vivir.
|
Existen muchas clases de plantas.
|
Unas se distinguen por su gran tamaño, como el roble, el álamo y el
|
pino. Otras son medianas, como el rosal y el limonero. Algunas son pe-
|
queñas, como el musgo de los prados.
|
A las plantas les ocurre lo mismo que a los animales, pues como
|
tienen vida, nacen, crecen, se alimentan, respiran, tienen hijos, envejecen
|
y mueren.
|
A diferencia de los animales, que se trasladan de un lugar a otro y
|
tienen órganos de los sentidos, las plantas viven fijas y no tienen
|
sentidos.
|
Algunas plantas sólo duran un año o menos, y otras pasan de cien
|
años de vida.
|
(fragmento)
Elio Arrechea
español
LOS RÍOS Y LAS MONTAÑAS DE CHILE.
|
8
|
Casi todos los ríos chilenos tienen su nacimiento en la Cordillera de
|
20
|
los Andes, con deshielos que se juntan en represas naturales y forman la-
|
33
|
gos profundos, encerrados por altos murallones de montañas. En seguida
|
45
|
se despeñan hacia el mar con brusquedad de avalancha, buscando su ca-
|
57
|
mino entre profundas quebradas y cerros. Se aquietan en las mesetas y
|
70
|
valles hasta unirse al mar con relativa tranquilidad. Su camino es corto y
|
84
|
violento.
|
86
|
Nada más hermoso que el curso de estos ríos en su etapa inicial de
|
100
|
la montaña. Sus aguas transparentes como el cristal saltan entre las pe-
|
112
|
ñas, estrellándose contra las rocas en hirvientes abanicos de espuma;
|
124
|
cambian su curso cada veinte metros, se abalanzan en cascadas que can-
|
136
|
tan y rugen imitando las tonalidades de la voz humana, ya roncas y profun-
|
150
|
das, ya claras y ligeras, amplificadas hasta el infinito por el eco de los in-
|
166
|
mensos desfiladeros montañeses. Arbustos en las alturas y añosos árbo-
|
176
|
les al acercarse al llano, reciben la caricia fría de la corriente y van
|
191
|
mostrando sus raíces, hasta que un día, cansados, desfallecen y caen al
|
206
|
agua.
|
208
|
(fragmento)
Fernando Santiván
chileno
LOS RÍOS Y LAS MONTAÑAS DE CHILE.
|
Casi todos los ríos chilenos tienen su nacimiento en la Cordillera de
|
los Andes, con deshielos que se juntan en represas naturales y forman la-
|
gos profundos, encerrados por altos murallones de montañas. En seguida
|
se despeñan hacia el mar con brusquedad de avalancha, buscando su ca-
|
mino entre profundas quebradas y cerros. Se aquietan en las mesetas y
|
valles hasta unirse al mar con relativa tranquilidad. Su camino es corto y
|
violento.
|
Nada más hermoso que el curso de estos ríos en su etapa inicial de
|
la montaña. Sus aguas transparentes como el cristal saltan entre las pe-
|
ñas, estrellándose contra las rocas en hirvientes abanicos de espuma;
|
cambian su curso cada veinte metros, se abalanzan en cascadas que can-
|
tan y rugen imitando las tonalidades de la voz humana, ya roncas y profun-
|
das, ya claras y ligeras, amplificadas hasta el infinito por el eco de los in-
|
mensos desfiladeros montañeses. Arbustos en las alturas y añosos árbo-
|
les al acercarse al llano, reciben la caricia fría de la corriente y van
|
mostrando sus raíces, hasta que un día, cansados, desfallecen y caen al
|
agua.
|
(fragmento)
Fernando Santiván
chileno
HISTORIA DE LOS AMIGOS DE AZULINA
|
6
|
Resulta que Azulina estaba muy triste y que en el patio último de la casa
|
21
|
– allí donde la señora Parra se empina sobre cuatro rodrigones – no hacía la
|
34
|
niña otra cosa que estarse muy quieta sentada en su sillita, mano sobre
|
48
|
mano, mirando con ojos distraídos no se sabía qué. No jugaba con los
|
63
|
hermanos , no paseaba la muñeca en el coche, no tejía cantando esas
|
77
|
alegres tonadas que embelesaban el Jilguero, no reía a la par que el agua del
|
93
|
surtidor. A tanto llegó el ensimismamiento de la niña, que muy de mañana
|
108
|
hubo un conciliábulo en el patio.
|
115
|
El primero en hablar fue el Jilguero. Dijo:
|
124
|
- ¿Qué tendrá Azulina? ¿Estará enferma?
|
133
|
- No, porque entonces la dejarían en su camita, como en el invierno, cuando
|
149
|
se resfrió. Debe tener una grave preocupación – contestó la señora Parra,
|
162
|
que sabía mucho.
|
166
|
- Y ¿cómo podremos averiguar lo que acontece? – Esto lo dijo el Grillo,
|
180
|
que estaba ya asomado a la puerta diminuta de su casa.
|
192
|
(fragmento)
Marta Brunet
chilena
HISTORIA DE LOS AMIGOS DE AZULINA
|
Resulta que Azulina estaba muy triste y que en el patio último de la casa
|
– allí donde la señora Parra se empina sobre cuatro rodrigones – no hacía la
|
niña otra cosa que estarse muy quieta sentada en su sillita, mano sobre
|
mano, mirando con ojos distraídos no se sabía qué. No jugaba con los
|
hermanos , no paseaba la muñeca en el coche, no tejía cantando esas
|
alegres tonadas que embelesaban el Jilguero, no reía a la par que el agua del
|
surtidor. A tanto llegó el ensimismamiento de la niña, que muy de mañana
|
hubo un conciliábulo en el patio.
|
El primero en hablar fue el Jilguero. Dijo:
|
- ¿Qué tendrá Azulina? ¿Estará enferma?
|
- No, porque entonces la dejarían en su camita, como en el invierno, cuando
|
se resfrió. Debe tener una grave preocupación – contestó la señora Parra,
|
que sabía mucho.
|
- Y ¿cómo podremos averiguar lo que acontece? – Esto lo dijo el Grillo,
|
que estaba ya asomado a la puerta diminuta de su casa.
|
(fragmento)
Marta Brunet
chilena
INFANCIA Y POESÍA |
3
|
Para saber y contar y contar para saber… tengo que empezar así esta
|
17
|
historia de aguas, plantas, bosques, pájaros, pueblos, porque eso es la
|
33
|
poesía, por lo menos mi poesía.
|
41
|
Mi padre fue ferroviario de corazón. Mi madre podía distinguir en la noche,
|
56
|
entre los trenes, el tren de mi padre que llegaba o salía de la estación de
|
73
|
Temuco.
|
75
|
Pocos saben lo que es un tren lastrero. En la región austral, de grandes
|
91
|
vendavales; las aguas se llevarían los rieles si no les echaran piedrecillas
|
104
|
entre los durmientes, sin descuidarlos en ningún momento. Hay que sacar
|
117
|
con capachos el lastre de las canteras y volcar la piedra menuda en los
|
131
|
carros planos. Hace cuarenta años la tripulación de un tren de esta clase
|
145
|
tenía que ser formidable. Tenía que quedarse en los sitios aislados picando
|
158
|
piedra. La cuadrilla estaba formada por gigantescos y musculosos peones.
|
170
|
Venían de los campos, de los suburbios. Mi padre era el conductor del tren. A
|
188
|
veces me arrebataba del colegio y yo me iba en el tren lastrero. Picábamos
|
203
|
piedras en Boroa, corazón silvestre de la frontera, escenario de los terribles
|
217
|
combates españoles y araucanos.
|
222
|
La naturaleza allí me daba una especie de embriaguez. Yo tendría unos
|
235
|
diez años, pero ya era poeta. No escribía versos, pero me atraían los
|
251
|
pájaros, los escarabajos, los huevos de perdiz. Era milagroso encontrarlos
|
264
|
en las quebradas, empavonados, oscuros y relucientes, con un color pareci-
|
277
|
do al del cañón de una escopeta. Me asombraba la perfección de los
|
291
|
insectos. Recogía las madres de la culebra. Con este nombre extravagante
|
304
|
se designa al mayor coleóptero, negro, bruñido y fuerte, el titán de los
|
320
|
insectos de Chile. Estremece verlo de pronto en los troncos de los maquis y
|
335
|
de los manzanos silvestres, de los coigües, pero yo sabía que era tan fuerte
|
351
|
que podía pararme con mis dos pies sobre él y no se rompería. Con su gran
|
368
|
dureza defensiva no necesitaba veneno.
|
374
|
(fragmento)
Pablo Neruda
chileno
INFANCIA Y POESÍA |
Para saber y contar y contar para saber… tengo que empezar así esta
|
historia de aguas, plantas, bosques, pájaros, pueblos, porque eso es la
|
poesía, por lo menos mi poesía.
|
Mi padre fue ferroviario de corazón. Mi madre podía distinguir en la noche,
|
entre los trenes, el tren de mi padre que llegaba o salía de la estación de
|
Temuco.
|
Pocos saben lo que es un tren lastrero. En la región austral, de grandes
|
vendavales; las aguas se llevarían los rieles si no les echaran piedrecillas
|
entre los durmientes, sin descuidarlos en ningún momento. Hay que sacar
|
con capachos el lastre de las canteras y volcar la piedra menuda en los
|
carros planos. Hace cuarenta años la tripulación de un tren de esta clase
|
tenía que ser formidable. Tenía que quedarse en los sitios aislados picando
|
piedra. La cuadrilla estaba formada por gigantescos y musculosos peones.
|
Venían de los campos, de los suburbios. Mi padre era el conductor del tren. A
|
veces me arrebataba del colegio y yo me iba en el tren lastrero. Picábamos
|
piedras en Boroa, corazón silvestre de la frontera, escenario de los terribles
|
combates españoles y araucanos.
|
La naturaleza allí me daba una especie de embriaguez. Yo tendría unos
|
diez años, pero ya era poeta. No escribía versos, pero me atraían los
|
pájaros, los escarabajos, los huevos de perdiz. Era milagroso encontrarlos
|
en las quebradas, empavonados, oscuros y relucientes, con un color pareci-
|
do al del cañón de una escopeta. Me asombraba la perfección de los
|
insectos. Recogía las madres de la culebra. Con este nombre extravagante
|
se designa al mayor coleóptero, negro, bruñido y fuerte, el titán de los
|
insectos de Chile. Estremece verlo de pronto en los troncos de los maquis y
|
de los manzanos silvestres, de los coigües, pero yo sabía que era tan fuerte
|
que podía pararme con mis dos pies sobre él y no se rompería. Con su gran
|
dureza defensiva no necesitaba veneno.
|
(fragmento)
Pablo Neruda
chileno
LA FERIA DE CHILLÁN
|
4
|
Chillán viejo, la ciudad vergel, manda muy temprano sus carretas carga-
|
16
|
das de hortalizas, y frutas de dulce y matizada pulpa. Desde las haciendas
|
31
|
entran la chuchoca dorada que da calidad a la comida criolla y, como se ha
|
47
|
dicho, toda clase de cereales. Todos los jardines de la ciudad y alrededores
|
62
|
vacían en la feria su perfumada y fina policromía. Se reúnen de ese modo,
|
78
|
en la plaza, el aliento urbano con el de la selva.
|
91
|
Y es tan grande el movimiento, que a las siete de la mañana no cabe nada
|
108
|
más. Y hay tanto ruido y tanto ir y venir, que la visión se colma de arabescos
|
127
|
enloquecidos.
|
129
|
- ¡A la papa terrona, la papa doma, la papa pegüencha, la papa zambra-
|
144
|
na, la papa amarilla, la papa canela…; la mejor papa de Chile la tengo por
|
162
|
aquí! ¡Muy barata la buena papa, señorita!
|
173
|
- ¡Caserito, no pase hambre; el mejor causeo de la plaza lo tengo por
|
189
|
aquí! ¡Pase a verme, se va a chupar los bigotes! ¡Con pebre rico la tengo el
|
200
|
rico causeo de patas! ¡Arrollado le tengo!
|
219
|
- ¡Las tortillas de rescoldo de harina flor! ¡Con manteca, las tortillas! ¡Las
|
237
|
tortillas con chicharrones, caserito; pase a llevar tortillas!
|
248
|
- No hay flores más lindas que las que le tengo, señorita… Los pensa-
|
262
|
mientos dobles, las rosas fragantosas, las dalias, los claveles dobles…
|
276
|
¡Pasar a llevar las flores! ¡Fresquitas las flores, con roció las flores!…
|
293
|
(fragmento)
Antonio Acevedo H.
chilena
LA FERIA DE CHILLÁN
|
Chillán viejo, la ciudad vergel, manda muy temprano sus carretas carga-
|
das de hortalizas, y frutas de dulce y matizada pulpa. Desde las haciendas
|
entran la chuchoca dorada que da calidad a la comida criolla y, como se ha
|
dicho, toda clase de cereales. Todos los jardines de la ciudad y alrededores
|
vacían en la feria su perfumada y fina policromía. Se reúnen de ese modo,
|
en la plaza, el aliento urbano con el de la selva.
|
Y es tan grande el movimiento, que a las siete de la mañana no cabe nada
|
más. Y hay tanto ruido y tanto ir y venir, que la visión se colma de arabescos
|
enloquecidos.
|
- ¡A la papa terrona, la papa doma, la papa pegüencha, la papa zambra-
|
na, la papa amarilla, la papa canela…; la mejor papa de Chile la tengo por
|
aquí! ¡Muy barata la buena papa, señorita!
|
- ¡Caserito, no pase hambre; el mejor causeo de la plaza lo tengo por
|
aquí! ¡Pase a verme, se va a chupar los bigotes! ¡Con pebre rico la tengo el
|
rico causeo de patas! ¡Arrollado le tengo!
|
- ¡Las tortillas de rescoldo de harina flor! ¡Con manteca, las tortillas! ¡Las
|
tortillas con chicharrones, caserito; pase a llevar tortillas!
|
- No hay flores más lindas que las que le tengo, señorita… Los pensa-
|
mientos dobles, las rosas fragantosas, las dalias, los claveles dobles…
|
¡Pasar a llevar las flores! ¡Fresquitas las flores, con roció las flores!…
|
(fragmento)
Antonio Acevedo H.
chilena
LA HORMIGITA CANTORA.
|
4
|
La Hormiguita Cantora decidió enseñar a Polita,
|
12
|
su pequeña sobrina, las maravillas y los peligros
|
21
|
del mundo.
|
24
|
Una mañana salió con ella de la mano por el
|
34
|
delgado camino que unía el hormiguero con el
|
42
|
hongo del Duende Melodía. El Duende estaba
|
50
|
encendiendo un braserillo y soplaba los carbones
|
57
|
inflando sus mejillas como dos globos colorados.
|
65
|
Se saludaron alegremente. La pequeña hormiga
|
72
|
vio el fuego del brasero y preguntó:
|
80
|
- ¿Qué es esto colorado que se apaga y que se
|
91
|
prende?
|
93
|
- ¡Jo, jo, jo! – rió el Duende, pregúntale a tu tía
|
108
|
Hormiguita Cantora, ella tiene la obligación de
|
116
|
contestarte, lo sepa o no.
|
123
|
(fragmento)
Alicia Morel
LA HORMIGITA CANTORA.
|
La Hormiguita Cantora decidió enseñar a Polita,
|
su pequeña sobrina, las maravillas y los peligros
|
del mundo.
|
Una mañana salió con ella de la mano por el
|
delgado camino que unía el hormiguero con el
|
hongo del Duende Melodía. El Duende estaba
|
encendiendo un braserillo y soplaba los carbones
|
inflando sus mejillas como dos globos colorados.
|
Se saludaron alegremente. La pequeña hormiga
|
vio el fuego del brasero y preguntó:
|
- ¿Qué es esto colorado que se apaga y que se
|
prende?
|
- ¡Jo, jo, jo! – rió el Duende, pregúntale a tu tía
|
Hormiguita Cantora, ella tiene la obligación de
|
contestarte, lo sepa o no.
|
(fragmento)
Alicia Morel
LOS DINOSAURIOS
|
2
|
En la prehistoria, antes de que apareciera el hombre |
12
|
sobre la tierra, había muchos reptiles; pero fueron los
|
23
|
dinosaurios los que la dominaron durante un período que
|
32
|
se prolongó por varios millones de años. Ningún otro ani-
|
42
|
mal, incluido el hombre, ha reinado en la tierra durante
|
54
|
tanto tiempo.
|
57
|
Algunas personas creen que existía un solo tipo de dino-
|
66
|
saurio pero, en realidad, había una gran variedad de ellos.
|
79
|
Los primeros eran pequeños y ágiles, sólo medían un
|
89
|
Metro de largo y corrían rápidamente sobre sus patas
|
98
|
traseras.
|
100
|
Algunos dinosaurios eran herbívoros. Otros eran carní-
|
107
|
voros, sus patas tenían afiladas garras y poseían dientes
|
117
|
filudos como cuchillos.
|
121
|
Estos animales alcanzaron gran estatura y peso, por lo
|
131
|
que debían apoyarse sobre sus cuatro patas. Algunos,
|
141
|
como el brontosaurio, llegaron a medir dieciocho metros y
|
151
|
a pesar veinte toneladas.
|
156
|
Hace muchos millones de años, los dinosaurios desapa-
|
164
|
recieron repentinamente de la tierra. Se cree que murieron
|
174
|
a causa de una epidemia, un cambio climático o, tal vez,
|
188
|
porque cada vez era mayor el número de mamíferos que
|
198
|
se comía los huevos de estos reptiles, impidiendo así que
|
209
|
se reprodujera la especie.
|
214
|
Pero, en realidad, no se sabe la causa de su extinción.
|
228
|
LOS DINOSAURIOS
|
En la prehistoria, antes de que apareciera el hombre
|
sobre la tierra, había muchos reptiles; pero fueron los
|
dinosaurios los que la dominaron durante un período que
|
se prolongó por varios millones de años. Ningún otro ani-
|
mal, incluido el hombre, ha reinado en la tierra durante
|
tanto tiempo.
|
Algunas personas creen que existía un solo tipo de dino-
|
saurio pero, en realidad, había una gran variedad de ellos.
|
Los primeros eran pequeños y ágiles, sólo medían un
|
Metro de largo y corrían rápidamente sobre sus patas
|
traseras.
|
Algunos dinosaurios eran herbívoros. Otros eran carní-
|
voros, sus patas tenían afiladas garras y poseían dientes
|
filudos como cuchillos.
|
Estos animales alcanzaron gran estatura y peso, por lo
|
que debían apoyarse sobre sus cuatro patas. Algunos,
|
como el brontosaurio, llegaron a medir dieciocho metros y
|
a pesar veinte toneladas.
|
Hace muchos millones de años, los dinosaurios desapa-
|
recieron repentinamente de la tierra. Se cree que murieron
|
a causa de una epidemia, un cambio climático o, tal vez,
|
porque cada vez era mayor el número de mamíferos que
|
se comía los huevos de estos reptiles, impidiendo así que
|
se reprodujera la especie.
|
Pero, en realidad, no se sabe la causa de su extinción.
|
VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA |
6
|
A las ocho de la mañana nos despertó un rayo de sol. Las facetas de las
|
23
|
lava en las paredes lo recogieron y devolvieron convertido en una lluvia de
|
36
|
chispitas.
|
38
|
- ¿Qué me dices, Alex? – preguntó mi tío - ¿Has pasado en tu vida
|
54
|
alguna noche tan tranquila? No hay ruidos ni grito…
|
64
|
- El lugar es muy tranquilo, en efecto – repliqué -. Pero esta misma
|
77
|
calma tiene algo trágico.
|
82
|
- No te apresures. Recién hemos bajado al nivel del mar. Puedes
|
95
|
comprobarlo consultando el barómetro. Yo estoy deseando poder usar el
|
106
|
manómetro.
|
108
|
- ¿No nos resultará perjudicial la presión?
|
116
|
- No, iremos bajando lentamente y nuestros pulmones se irán acos-
|
126
|
tumbrando a respirar en una atmósfera más comprimida. Pero dejémonos
|
137
|
ya de charla y busquemos el paquete que arrojé.
|
147
|
Hans miró atentamente a su alrededor con su buena vista de cazador y
|
160
|
lo descubrió en una saliente, unos treinta metros encima de nosotros.
|
173
|
Poco después almorzamos frugalmente y regamos la comida con algu-
|
182
|
nos tragos de ginebra. Mi tío anotó algunos datos en su cuadernillo de
|
196
|
viaje y, señalándome solemnemente una galería oscura, anunció:
|
207
|
- Ahora, Alex, vamos hacia el centro de la tierra. Considera que en es-
|
221
|
te momento comienza nuestro viaje.
|
227
|
Enseguida preparó lo necesario para procurarnos luz. Las galerías se
|
238
|
iluminaron y cada cual se colocó su mochila. Alcé la cabeza y dirigí por úl-
|
253
|
tima vez mis ojos hacia el inmenso tubo en el que se dibujaba el cielo de
|
269
|
Islandia, temiendo no volver a verlo.
|
277
|
En la última erupción la lava se había abierto paso a través del túnel
|
291
|
que atravesábamos. El interior estaba alfombrado por un barniz espeso y
|
303
|
brillante que centuplicaba la intensidad de nuestra luz.
|
312
|
La marcha no era demasiado difícil. El único cuidado que teníamos que
|
325
|
tener era el de no deslizarnos por la pendiente. Pero, por suerte, algunas
|
341
|
hinchazones en la erosión formaban peldaños.
|
348
|
En las paredes, la lava porosa tomaba formas de ampollitas redondea-
|
359
|
das y a nuestro paso cristales de cuarzo opaco suspendidos de la bóveda
|
372
|
se encendían.
|
375
|
(fragmento)
Julio Verne
Francés
VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA |
A las ocho de la mañana nos despertó un rayo de sol. Las facetas de las
|
lava en las paredes lo recogieron y devolvieron convertido en una lluvia de
|
chispitas.
|
- ¿Qué me dices, Alex? – preguntó mi tío - ¿Has pasado en tu vida
|
alguna noche tan tranquila? No hay ruidos ni grito…
|
- El lugar es muy tranquilo, en efecto – repliqué -. Pero esta misma
|
calma tiene algo trágico.
|
- No te apresures. Recién hemos bajado al nivel del mar. Puedes
|
comprobarlo consultando el barómetro. Yo estoy deseando poder usar el
|
manómetro.
|
- ¿No nos resultará perjudicial la presión?
|
- No, iremos bajando lentamente y nuestros pulmones se irán acos-
|
tumbrando a respirar en una atmósfera más comprimida. Pero dejémonos
|
ya de charla y busquemos el paquete que arrojé.
|
Hans miró atentamente a su alrededor con su buena vista de cazador y
|
lo descubrió en una saliente, unos treinta metros encima de nosotros.
|
Poco después almorzamos frugalmente y regamos la comida con algu-
|
nos tragos de ginebra. Mi tío anotó algunos datos en su cuadernillo de
|
viaje y, señalándome solemnemente una galería oscura, anunció:
|
- Ahora, Alex, vamos hacia el centro de la tierra. Considera que en es-
|
te momento comienza nuestro viaje.
|
Enseguida preparó lo necesario para procurarnos luz. Las galerías se
|
iluminaron y cada cual se colocó su mochila. Alcé la cabeza y dirigí por úl-
|
tima vez mis ojos hacia el inmenso tubo en el que se dibujaba el cielo de
|
Islandia, temiendo no volver a verlo.
|
En la última erupción la lava se había abierto paso a través del túnel
|
que atravesábamos. El interior estaba alfombrado por un barniz espeso y
|
brillante que centuplicaba la intensidad de nuestra luz.
|
La marcha no era demasiado difícil. El único cuidado que teníamos que
|
tener era el de no deslizarnos por la pendiente. Pero, por suerte, algunas
|
hinchazones en la erosión formaban peldaños.
|
En las paredes, la lava porosa tomaba formas de ampollitas redondea-
|
das y a nuestro paso cristales de cuarzo opaco suspendidos de la bóveda
|
se encendían.
|
(fragmento)
Julio Verne
Francés
LOS SIETE CABRITOS |
3
|
En los comienzos del mundo, el Sol y la Luna vivían en la Tierra. Y
|
20
|
ocurrió que en el momento en que se conocieron se enamoraron profun-
|
31
|
damente, entonces vivieron felices el uno para el otro.
|
42
|
Cuando el Espíritu Creador se enteró de ese amor y que habían olvida-
|
54
|
do pedir su consentimiento, se enojó de tal manera que obligó al Sol a su-
|
69
|
bir al cielo y dejó a la Luna sola en la Tierra.
|
82
|
A pesar de estar tan lejos, el Sol no abandonó ni un solo día a su mujer y
|
101
|
siempre alumbraba su camino solitario.
|
107
|
Pasado un tiempo la Luna tuvo siete hijos. Cada uno de ellos era en ta-
|
128
|
maño, la mitad del anterior y así fue que el menor de todos resultó ser
|
138
|
siete veces más pequeño que el mayor.
|
146
|
Desde el cielo, el Sol iluminaba el nacimiento de sus hijos con los rayos
|
161
|
más cálidos. Cuando vio que su hijo menor era tan chiquito, le regaló do-
|
176
|
nes mágicos para protegerlo en su vida por la Tierra.
|
187
|
Los niños crecieron sanos y robustos junto a su madre y cuando fueron
|
200
|
bastante grandes, el Espíritu Creador que seguía enojado obligó también a
|
212
|
la Luna a subir al cielo pero justo en el momento que el Sol se ocultaba
|
228
|
en el horizonte.
|
232
|
Mucho lloraron los niños por el alejamiento de su madre; desde enton-
|
244
|
ces jamás se separaron y juntos empezaron a recorrer la Tierra a lo largo y
|
259
|
a lo ancho. Mientras tanto desde el cielo su padre los vigilaba de día y su
|
276
|
madre de noche.
|
280
|
Pronto el chiquitín, a quien sus hermanos cuidaban con cariño, empezó
|
293
|
a mostrar los dones que su padre le había regalado al nacer y se convirtió
|
308
|
en el protector de sus hermanos mayores.
|
316
|
Así fue como vivieron muchas aventuras, hasta que un día, cansados
|
329
|
de tanto andar solos por la Tierra, pensaron en subir al cielo para poder ver
|
245
|
de cerca de sus padres.
|
251
|
(fragmento)
Leyenda peruana
LOS SIETE CABRITOS |
En los comienzos del mundo, el Sol y la Luna vivían en la Tierra. Y
|
ocurrió que en el momento en que se conocieron se enamoraron profun-
|
damente, entonces vivieron felices el uno para el otro.
|
Cuando el Espíritu Creador se enteró de ese amor y que habían olvida-
|
do pedir su consentimiento, se enojó de tal manera que obligó al Sol a su-
|
bir al cielo y dejó a la Luna sola en la Tierra.
|
A pesar de estar tan lejos, el Sol no abandonó ni un solo día a su mujer y
|
siempre alumbraba su camino solitario.
|
Pasado un tiempo la Luna tuvo siete hijos. Cada uno de ellos era en ta-
|
maño, la mitad del anterior y así fue que el menor de todos resultó ser
|
siete veces más pequeño que el mayor.
|
Desde el cielo, el Sol iluminaba el nacimiento de sus hijos con los rayos
|
más cálidos. Cuando vio que su hijo menor era tan chiquito, le regaló do-
|
nes mágicos para protegerlo en su vida por la Tierra.
|
Los niños crecieron sanos y robustos junto a su madre y cuando fueron
|
bastante grandes, el Espíritu Creador que seguía enojado obligó también a
|
la Luna a subir al cielo pero justo en el momento que el Sol se ocultaba
|
en el horizonte.
|
Mucho lloraron los niños por el alejamiento de su madre; desde enton-
|
ces jamás se separaron y juntos empezaron a recorrer la Tierra a lo largo y
|
a lo ancho. Mientras tanto desde el cielo su padre los vigilaba de día y su
|
madre de noche.
|
Pronto el chiquitín, a quien sus hermanos cuidaban con cariño, empezó
|
a mostrar los dones que su padre le había regalado al nacer y se convirtió
|
en el protector de sus hermanos mayores.
|
Así fue como vivieron muchas aventuras, hasta que un día, cansados
|
de tanto andar solos por la Tierra, pensaron en subir al cielo para poder ver
|
de cerca de sus padres.
|
(fragmento)
Leyenda peruana
Amanecer.
|
2
|
Despertó repetidas veces esa noche, como suele
|
10
|
ocurrir cuando aguardamos un día cargado de
|
17
|
acontecimientos importantes, en cuya espera nuestros
|
24
|
nervios actúan con su máxima sensibilidad y
|
31
|
prontitud.
|
33
|
Después de todo, en su caso ello era explicable, o,
|
46
|
si se quiere, lo normal dentro de lo insólito. En efecto,
|
60
|
tras largo tiempo de abrigar tal ilusión, por fin había
|
71
|
recibido la autorización de sus padres para participar
|
79
|
en el paseo de término de curso, a varios kilómetros
|
90
|
del pueblo. Hasta entonces, reiterada y
|
98
|
comprensiblemente, se había invocado en cada
|
105
|
oportunidad, para dilatar el permiso, los riesgos de las
|
116
|
bruscas variaciones climáticas, del vado de los ríos, de
|
127
|
las imprudencias e inexperiencia propias de su edad.
|
136
|
Esta vez como homenaje a sus recién cumplidos doce
|
145
|
años, se hacía fe en una mayor fortaleza y madurez
|
156
|
de su parte para enfrentar los desafíos de la aventura.
|
167
|
La tensión, en verdad, había comenzado varios días
|
177
|
antes. Había que preocuparse minuciosamente de
|
184
|
abastecimientos y de otros preparativos. Nada podía
|
192
|
quedar entregado al azar o a la inadvertencia, y todo,
|
204
|
si se trataba de ser ya “grande”, debía ser
|
214
|
cuidadosamente previsto y atendido de modo
|
220
|
personal, sin que la empresa constituyera una carga
|
229
|
para otros.
|
232
|
Así fue naciendo, y luego estirándose más y más,
|
243
|
una lista de heterogéneos elementos indispensables:
|
250
|
mochila y botas, guantes y gorro, linterna y
|
260
|
cortaplumas, casaca y fósforos, leche y cantimplora,
|
270
|
huevos duros y frutas, leche y pan. Y había sido
|
282
|
preciso rebuscar su semiolvidada presencia en algún
|
289
|
rincón de la casa, o pedirlos prestados, o adquirir lo
|
301
|
necesario para prepararlos y llevarlos, hasta
|
308
|
experimentar la satisfacción de que ningún detalle
|
315
|
quedaba pendiente o desatendido.
|
320
|
(fragmento)
Ernesto Livacic Gazzano
chileno
Amanecer.
|
Despertó repetidas veces esa noche, como suele
|
ocurrir cuando aguardamos un día cargado de
|
acontecimientos importantes, en cuya espera nuestros
|
nervios actúan con su máxima sensibilidad y
|
prontitud.
|
Después de todo, en su caso ello era explicable, o,
|
si se quiere, lo normal dentro de lo insólito. En efecto,
|
tras largo tiempo de abrigar tal ilusión, por fin había
|
recibido la autorización de sus padres para participar
|
en el paseo de término de curso, a varios kilómetros
|
del pueblo. Hasta entonces, reiterada y
|
comprensiblemente, se había invocado en cada
|
oportunidad, para dilatar el permiso, los riesgos de las
|
bruscas variaciones climáticas, del vado de los ríos, de
|
las imprudencias e inexperiencia propias de su edad.
|
Esta vez como homenaje a sus recién cumplidos doce
|
años, se hacía fe en una mayor fortaleza y madurez
|
de su parte para enfrentar los desafíos de la aventura.
|
La tensión, en verdad, había comenzado varios días
|
antes. Había que preocuparse minuciosamente de
|
abastecimientos y de otros preparativos. Nada podía
|
quedar entregado al azar o a la inadvertencia, y todo,
|
si se trataba de ser ya “grande”, debía ser
|
cuidadosamente previsto y atendido de modo
|
personal, sin que la empresa constituyera una carga
|
para otros.
|
Así fue naciendo, y luego estirándose más y más,
|
una lista de heterogéneos elementos indispensables:
|
mochila y botas, guantes y gorro, linterna y
|
cortaplumas, casaca y fósforos, leche y cantimplora,
|
huevos duros y frutas, leche y pan. Y había sido
|
preciso rebuscar su semiolvidada presencia en algún
|
rincón de la casa, o pedirlos prestados, o adquirir lo
|
necesario para prepararlos y llevarlos, hasta
|
experimentar la satisfacción de que ningún detalle
|
quedaba pendiente o desatendido.
|
(fragmento)
Ernesto Livacic Gazzano
chileno
LOS MARES DE CHILE |
4
|
Nadie ha navegado nunca con el solo objeto de permanecer en el mar; el
|
19
|
interés del hombre por alcanzar tierras vecinas originó la navegación y así
|
31
|
fue que esta se desarrolló principalmente en las costas situadas frente a
|
43
|
otras, más o menos próximas. Los pueblos del Mediterráneo fueron necesa-
|
55
|
riamente marítimos. Los Vikingos al mismo imperativo.
|
64
|
A pesar del progreso que ha facilitado las grandes travesías marítimas,
|
76
|
los pueblos han seguido siendo influidos por la ley primitiva: la de navegar
|
90
|
para alcanzar costas próximas. Por ello, aquellos situados frente a las más
|
104
|
vastas extensiones oceánicas son los que menos han desarrollado espíritu
|
114
|
marítimo.
|
116
|
Es el caso de Chile. Nuestro largo litoral es un balcón abierto de par en par
|
133
|
ante el enorme Pacífico; dos mil millas nos separan de Pascua, la isla
|
148
|
polinésica más cercana a nosotros; Juan Fernández no atrae más que a
|
161
|
escasos turistas; el comercio de la langosta es limitado, tanto en la isla
|
176
|
como en San Félix y San Ambrosio.
|
184
|
Nuestro balcón abierto ofrece un incomparable punto de vista sobre el
|
195
|
Pacífico, pero nos expone a fuertes vientos durante casi todo el año. Nues-
|
209
|
tros estuarios y puertos abrigados son escasos. El mar de Chile es cruel.
|
224
|
Por eso, entre las razas aborígenes contamos con sólo dos de navegan-
|
236
|
tes: los alacalufes y los changos. Las verdaderas habitaciones de los alaca-
|
249
|
lufes son las canoas de corteza con que recorren los canales magallánicos.
|
261
|
De esta raza subsisten unos cien o ciento cincuenta individuos, consagra-
|
272
|
dos, como sus ancestros, a la caza de nutrias. Son los últimos representan-
|
287
|
tes de un pueblo nómade que los traficantes de pieles y los aventureros de
|
301
|
los canales han casi exterminado.
|
307
|
Las aguas tranquilas de los canales, la abundancia de caletas, islas y
|
321
|
ensenadas, hicieron de los alacalufes una raza de navegantes, la cual no ha
|
336
|
salido jamás de su primitivismo ancestral y ha llegado a su crepúsculo sin
|
349
|
otro progreso que el haber cubierto de harapos su antigua desnudez y de
|
362
|
haber reemplazado algunas de sus canoas de corteza por chalupas de
|
373
|
madera.
|
375
|
(fragmento)
Salvador Reyes
chileno
LOS MARES DE CHILE
|
Nadie ha navegado nunca con el solo objeto de permanecer en el mar; el
|
interés del hombre por alcanzar tierras vecinas originó la navegación y así
|
fue que esta se desarrolló principalmente en las costas situadas frente a
|
otras, más o menos próximas. Los pueblos del Mediterráneo fueron necesa-
|
riamente marítimos. Los Vikingos al mismo imperativo.
|
A pesar del progreso que ha facilitado las grandes travesías marítimas,
|
los pueblos han seguido siendo influidos por la ley primitiva: la de navegar
|
para alcanzar costas próximas. Por ello, aquellos situados frente a las más
|
vastas extensiones oceánicas son los que menos han desarrollado espíritu
|
marítimo.
|
Es el caso de Chile. Nuestro largo litoral es un balcón abierto de par en par
|
ante el enorme Pacífico; dos mil millas nos separan de Pascua, la isla
|
polinésica más cercana a nosotros; Juan Fernández no atrae más que a
|
escasos turistas; el comercio de la langosta es limitado, tanto en la isla
|
como en San Félix y San Ambrosio.
|
Nuestro balcón abierto ofrece un incomparable punto de vista sobre el
|
Pacífico, pero nos expone a fuertes vientos durante casi todo el año. Nues-
|
tros estuarios y puertos abrigados son escasos. El mar de Chile es cruel.
|
Por eso, entre las razas aborígenes contamos con sólo dos de navegan-
|
tes: los alacalufes y los changos. Las verdaderas habitaciones de los alaca-
|
lufes son las canoas de corteza con que recorren los canales magallánicos.
|
De esta raza subsisten unos cien o ciento cincuenta individuos, consagra-
|
dos, como sus ancestros, a la caza de nutrias. Son los últimos representan-
|
tes de un pueblo nómade que los traficantes de pieles y los aventureros de
|
los canales han casi exterminado.
|
Las aguas tranquilas de los canales, la abundancia de caletas, islas y
|
ensenadas, hicieron de los alacalufes una raza de navegantes, la cual no ha
|
salido jamás de su primitivismo ancestral y ha llegado a su crepúsculo sin
|
otro progreso que el haber cubierto de harapos su antigua desnudez y de
|
haber reemplazado algunas de sus canoas de corteza por chalupas de
|
madera.
|
(fragmento)
Salvador Reyes
chileno
CABO DE HORNOS
|
3
|
Las primeras noticias las supimos de un cúter lobero que encontramos
|
14
|
fondeado detrás de unas rocas en Bahía Desolada, esa abertura de la ruta
|
28
|
más austral del mundo, en canal Beagle, a donde van a reventar las gruesas
|
44
|
olas que vienen rodando desde el Cabo de Hornos.
|
54
|
Es el caso más extraño de los que he oído hablar en mi larga vida de
|
70
|
cazador – dijo el viejo lobero Pascualini, desde la borda de su embarcación, y
|
85
|
continuó -: Yo no lo he visto; pero los tripulantes de una goleta que encontra-
|
100
|
mos ayer, de amanecida, en el Canal Ocasión, estaban aterrados por la
|
115
|
aparición de un témpano muy raro en medio del temporal que los sorprendió
|
128
|
al atravesar el paso Brecknock; más que la tempestad, fue la persecución de
|
143
|
aquella enorme masa de hielo, dirigida por un fantasma, un aparecido o qué
|
158
|
sé yo, pues no creo en patrañas, lo que obligó a esa goleta a refugiarse en el
|
177
|
Canal.
|
179
|
El Paso Brecknock, tan formidable como la dura trabazón de sus conso-
|
191
|
nantes, es muy corto: pero sus olas se empinan como cráteres y van a
|
207
|
estallar junto a los peñones sombríos que se levantan a gran altura y caen,
|
222
|
revolcándose de tal manera, que todos los navegantes sufren una pesadilla
|
234
|
al atravesarlo.
|
237
|
Y esto no es nada – continuó el viejo Pascualini, mientras cambiaba unos
|
250
|
cueros por aguardiente con el patrón de nuestro cúter -; el austríaco Mateo,
|
264
|
que me anda haciendo la competencia con su desmantelado “Bratza”, me
|
276
|
contó haber visto al témpano fantasma detrás de la isla Diablo, esa
|
289
|
maldita roca negra que marca la entrada de los brazos noroeste y suroeste
|
102
|
del Canal Beagle. Iniciaban una bordada sobre este último, cuando detrás de
|
116
|
la roca apareció la visión terrorífica que pasó rozando la obra muerta del
|
129
|
“Bratza”.
|
131
|
(fragmento)
Francisco Coloane
chileno
CABO DE HORNOS
|
Las primeras noticias las supimos de un cúter lobero que encontramos
|
fondeado detrás de unas rocas en Bahía Desolada, esa abertura de la ruta
|
más austral del mundo, en canal Beagle, a donde van a reventar las gruesas
|
olas que vienen rodando desde el Cabo de Hornos.
|
Es el caso más extraño de los que he oído hablar en mi larga vida de
|
cazador – dijo el viejo lobero Pascualini, desde la borda de su embarcación, y
|
continuó -: Yo no lo he visto; pero los tripulantes de una goleta que encontra-
|
mos ayer, de amanecida, en el Canal Ocasión, estaban aterrados por la
|
aparición de un témpano muy raro en medio del temporal que los sorprendió
|
al atravesar el paso Brecknock; más que la tempestad, fue la persecución de
|
aquella enorme masa de hielo, dirigida por un fantasma, un aparecido o qué
|
sé yo, pues no creo en patrañas, lo que obligó a esa goleta a refugiarse en el
|
Canal.
|
El Paso Brecknock, tan formidable como la dura trabazón de sus conso-
|
nantes, es muy corto: pero sus olas se empinan como cráteres y van a
|
estallar junto a los peñones sombríos que se levantan a gran altura y caen,
|
revolcándose de tal manera, que todos los navegantes sufren una pesadilla
|
al atravesarlo.
|
Y esto no es nada – continuó el viejo Pascualini, mientras cambiaba unos
|
cueros por aguardiente con el patrón de nuestro cúter -; el austríaco Mateo,
|
que me anda haciendo la competencia con su desmantelado “Bratza”, me
|
contó haber visto al témpano fantasma detrás de la isla Diablo, esa
|
maldita roca negra que marca la entrada de los brazos noroeste y suroeste
|
del Canal Beagle. Iniciaban una bordada sobre este último, cuando detrás de
|
la roca apareció la visión terrorífica que pasó rozando la obra muerta del
|
“Bratza”.
|
(fragmento)
Francisco Coloane
chileno
La casita de caramelo.
|
5
|
Había una casita de caramelo.
|
11
|
Tenía las paredes de turrón.
|
17
|
El techo era de chocolate.
|
23
|
Las puertas y las ventanas de caramelo
|
30
|
de menta.
|
33
|
Los muebles eran de caramelo de fresa.
|
41
|
Menos el colchón de la cama que era de
|
50
|
chicle.
|
52
|
Un día llovió.
|
56
|
Y la casa se deshizo dulcemente, po-
|
63
|
quito a poco.
|
67
|
La casita de caramelo.
|
Había una casita de caramelo.
|
Tenía las paredes de turrón.
|
El techo era de chocolate.
|
Las puertas y las ventanas de caramelo
|
de menta.
|
Los muebles eran de caramelo de fresa.
|
Menos el colchón de la cama que era de
|
chicle.
|
Un día llovió.
|
Y la casa se deshizo dulcemente, po-
|
quito a poco.
|
LA ESCUELA DEL FONDO DEL MAR
|
6
|
El buzo que baja |
10
|
a sacar las llaves
|
14
|
del fondo del mar
|
18
|
puede ver la escuela
|
22
|
de don Calamar.
|
26
|
Sobre finos bancos
|
29
|
de rojo coral
|
32
|
treinta pecesillos
|
34
|
estudiando están.
|
37
|
A todos atiende
|
40
|
el buen calamar:
|
44
|
con un brazo enseña
|
48
|
a escribir la a;
|
53
|
con otro a sumar;
|
58
|
con otro a restar;
|
63
|
con otro señala
|
66
|
al que hablando está;
|
71
|
con el sexto enseña
|
75
|
a multiplicar;
|
78
|
y con dos da ritmo
|
83
|
al suave cantar
|
86
|
que unas sirenitas
|
89
|
dicen sin parar.
|
93
|
Monserrat del Toral
chilena
LA ESCUELA DEL FONDO DEL MAR
|
El buzo que baja |
a sacar las llaves
|
del fondo del mar
|
puede ver la escuela
|
de don Calamar.
|
Sobre finos bancos
|
de rojo coral
|
treinta pecesillos
|
estudiando están.
|
A todos atiende
|
el buen calamar:
|
con un brazo enseña
|
a escribir la a;
|
con otro a sumar;
|
con otro a restar;
|
con otro señala
|
al que hablando está;
|
con el sexto enseña
|
a multiplicar;
|
y con dos da ritmo
|
al suave cantar
|
que unas sirenitas
|
dicen sin parar.
|
Monserrat del Toral
chilena
AVENTURAS DEL SEÑOR CONEJO |
4
|
Estaba el señor Conejo escondido entre las matas del |
13
|
bosque, cuando vio pasar al señor Zorro con un saco muy
|
25
|
pesado al hombro.
|
29
|
Al Conejo le pareció que dentro del saco chillaba algún
|
39
|
animal; tal vez sería la señora Tortuga, muy amiga suya, y
|
53
|
quiso librarla del poder del Zorro, aunque le costara mucho
|
64
|
trabajo.
|
66
|
Echó a correr con todas sus fuerzas hacia la casa del
|
77
|
astuto animal y llegó antes que él. Entró en el jardín que
|
90
|
Tenía el Zorro y arrancó unas plantas y algunas flores.
|
101
|
Después se escondió debajo de un rosal y esperó la llega-
|
111
|
da del ladrón de gallinas.
|
117
|
Al poco rato llegó y dejó el saco dentro de la casa.
|
130
|
Entonces el Conejo se puso a gritar: ¡Señor Zorro, que le
|
144
|
están robando las flores!
|
149
|
Salió corriendo al jardín para perseguir a los ladrones,
|
159
|
pero sólo encontró una porción de flores en el suelo.
|
170
|
Entretanto, el señor Conejo entró en la casa del Zorro;
|
182
|
sacó ligerito a la señora Tortuga del saco; tomó después
|
193
|
un panal de abejas, lo metió dentro del saco, lo ató bien con
|
208
|
una cuerda y lo sacudió para que se despertaran las
|
218
|
abejas. Inmediatamente salieron de allí el Conejo y la
|
228
|
Tortuga y se fueron al bosque corriendo.
|
236
|
Cuando el Zorro se cansó de buscar a los ladrones, entró
|
248
|
en casa y se puso a soltar a la Tortuga. Pero al abrir el
|
263
|
saco, salieron las abejas furiosas, y dejaron al pobre ani-
|
274
|
mal hinchado de picaduras. Para librarse de las abejas, se
|
286
|
fue corriendo al río y se tiró de cabezas; después pasó la
|
299
|
noche entre las zarzas del bosque.
|
306
|
A la mañana siguiente, estaba todavía muy afligido por
|
316
|
las picaduras de las abejas y se fue de nuevo a bañar. En el
|
331
|
río encontró al señor Conejo, que estaba lavándose las
|
341
|
orejas, y cuando vio al Zorro tan hinchado de picaduras de
|
353
|
abeja, le dijo:
|
358
|
- Eso te está muy bien: así aprenderás a no abusar con
|
370
|
la Tortuga, que es tan buena y no hace daño a nadie.
|
384
|
Amanda Labarca
chilena
AVENTURAS DEL SEÑOR CONEJO |
Estaba el señor Conejo escondido entre las matas del |
bosque, cuando vio pasar al señor Zorro con un saco muy
|
pesado al hombro.
|
Al Conejo le pareció que dentro del saco chillaba algún
|
animal; tal vez sería la señora Tortuga, muy amiga suya, y
|
quiso librarla del poder del Zorro, aunque le costara mucho
|
trabajo.
|
Echó a correr con todas sus fuerzas hacia la casa del
|
astuto animal y llegó antes que él. Entró en el jardín que
|
Tenía el Zorro y arrancó unas plantas y algunas flores.
|
Después se escondió debajo de un rosal y esperó la llega-
|
da del ladrón de gallinas.
|
Al poco rato llegó y dejó el saco dentro de la casa.
|
Entonces el Conejo se puso a gritar: ¡Señor Zorro, que le
|
están robando las flores!
|
Salió corriendo al jardín para perseguir a los ladrones,
|
pero sólo encontró una porción de flores en el suelo.
|
Entretanto, el señor Conejo entró en la casa del Zorro;
|
sacó ligerito a la señora Tortuga del saco; tomó después
|
un panal de abejas, lo metió dentro del saco, lo ató bien con
|
una cuerda y lo sacudió para que se despertaran las
|
abejas. Inmediatamente salieron de allí el Conejo y la
|
Tortuga y se fueron al bosque corriendo.
|
Cuando el Zorro se cansó de buscar a los ladrones, entró
|
en casa y se puso a soltar a la Tortuga. Pero al abrir el
|
saco, salieron las abejas furiosas, y dejaron al pobre ani-
|
mal hinchado de picaduras. Para librarse de las abejas, se
|
fue corriendo al río y se tiró de cabezas; después pasó la
|
noche entre las zarzas del bosque.
|
A la mañana siguiente, estaba todavía muy afligido por
|
las picaduras de las abejas y se fue de nuevo a bañar. En el
|
río encontró al señor Conejo, que estaba lavándose las
|
orejas, y cuando vio al Zorro tan hinchado de picaduras de
|
abeja, le dijo:
|
- Eso te está muy bien: así aprenderás a no abusar con
|
la Tortuga, que es tan buena y no hace daño a nadie.
|
Amanda Labarca
chilena
LAS ESTRELLAS |
2
|
Al contemplar el cielo en una noche despejada podemos observar, a
|
14
|
simple vista, unas 2.000 estrellas. Con ayuda de unos prismáticos, cabe
|
28
|
multiplicar esta cifra por diez, y un telescopio potente nos revelará varios
|
41
|
millones de ellas.
|
45
|
Lo que primero nos llama la atención es que algunas estrellas sean
|
57
|
mucho más brillantes que otras. Esto puede significar: o bien que todas
|
71
|
las estrellas tienen diferente brillo y se hallan sensiblemente a la misma
|
83
|
distancia de nosotros, o bien que tienen brillo similar pero se encuentran a
|
97
|
distancias diferentes. La explicación real se halla en medio de estas dos
|
110
|
alternativas. Las estrellas tienen diferente brillo y se encuentran a diferen-
|
121
|
tes distancias de nosotros.
|
126
|
Por lo tanto, el brillo que vemos desde la Tierra no guarda relación con
|
141
|
el verdadero brillo de la estrella. Una estrella de luz realmente débil puede
|
155
|
parecernos más brillante que una estrella decididamente luminosa que se
|
165
|
encuentre más lejos. Tolomeo, el famoso astrónomo de la antigüedad, fue
|
179
|
uno de los primeros en clasificar las estrellas con respecto a su brillo apa-
|
192
|
rente, y calificó a veinticinco de las estrellas más brillantes del firmamen-
|
204
|
to como “estrellas de primera magnitud”. Denominó “estrellas de sexta
|
215
|
magnitud" a las que apenas resultan perceptibles a simple vista y agrupó
|
227
|
a las demás estrellas visibles en segunda, tercera, cuarta y quinta magni-
|
240
|
tudes.
|
242
|
Los astrónomos actuales todavía usan la misma escala, pero han per-
|
253
|
feccionado la clasificación original de Tolomeo. En general, se ha descu-
|
265
|
bierto que una estrella de primera magnitud es unas cien veces más
|
277
|
brillante que una estrella de sexta magnitud y, por lo tanto, se ha ajustado
|
293
|
la escala de modo que una estrella de primera magnitud sea exactamente
|
305
|
100 veces más brillante que una de sexta. En nuestros días, al poder ver
|
321
|
los astrónomos estrellas mucho más débiles que las de sexta magnitud, la
|
334
|
escala ha sido ampliada para darles cabida.
|
342
|
Otra forma de averiguar el brillo de una estrella es comparar a éste con
|
356
|
el del Sol. Entonces hablamos de luminosidad de las estrellas. Sirio tiene
|
370
|
una luminosidad de 26. Algunas estrellas tienen luminosidades muy infe-
|
380
|
riores a las del Sol, y otras las tienen varios miles superiores.
|
394
|
(fragmento)
Kenneth Bailey
norteamericano
LAS ESTRELLAS |
Al Contemplar el cielo en una noche despejada podemos observar, a
|
simple vista, unas 2.000 estrellas. Con ayuda de unos prismáticos, cabe
|
multiplicar esta cifra por diez, y un telescopio potente nos revelará varios
|
millones de ellas.
|
Lo que primero nos llama la atención es que algunas estrellas sean
|
mucho más brillantes que otras. Esto puede significar: o bien que todas
|
las estrellas tienen diferente brillo y se hallan sensiblemente a la misma
|
distancia de nosotros, o bien que tienen brillo similar pero se encuentran a
|
distancias diferentes. La explicación real se halla en medio de estas dos
|
alternativas. Las estrellas tienen diferente brillo y se encuentran a diferen-
|
tes distancias de nosotros.
|
Por lo tanto, el brillo que vemos desde la Tierra no guarda relación con
|
el verdadero brillo de la estrella. Una estrella de luz realmente débil puede
|
parecernos más brillante que una estrella decididamente luminosa que se
|
encuentre más lejos. Tolomeo, el famoso astrónomo de la antigüedad, fue
|
uno de los primeros en clasificar las estrellas con respecto a su brillo apa-
|
rente, y calificó a veinticinco de las estrellas más brillantes del firmamen-
|
to como “estrellas de primera magnitud”. Denominó “estrellas de sexta
|
magnitud" a las que apenas resultan perceptibles a simple vista y agrupó
|
a las demás estrellas visibles en segunda, tercera, cuarta y quinta magni-
|
tudes.
|
Los astrónomos actuales todavía usan la misma escala, pero han per-
|
feccionado la clasificación original de Tolomeo. En general, se ha descu-
|
bierto que una estrella de primera magnitud es unas cien veces más
|
brillante que una estrella de sexta magnitud y, por lo tanto, se ha ajustado
|
la escala de modo que una estrella de primera magnitud sea exactamente
|
100 veces más brillante que una de sexta. En nuestros días, al poder ver
|
los astrónomos estrellas mucho más débiles que las de sexta magnitud, la
|
escala ha sido ampliada para darles cabida.
|
Otra forma de averiguar el brillo de una estrella es comparar a éste con
|
el del Sol. Entonces hablamos de luminosidad de las estrellas. Sirio tiene
|
una luminosidad de 26. Algunas estrellas tienen luminosidades muy infe-
|
riores a las del Sol, y otras las tienen varios miles superiores.
|
(fragmento)
Kenneth Bailey
norteamericano
EL MUÑECO DE JULIÁN
|
4
|
Desde pequeño, Julián se entretenía en hacer muñecos. Los formaba
|
16
|
de barro, de género y con cuanto estaba al alcance de sus manos. Con
|
32
|
una papa, una zanahoria, una remolacha o un pedazo de madera hacía un
|
47
|
lindo muñeco.
|
50
|
Cuando salió de la escuela ayudaba en sus tareas a su padre, modesto
|
64
|
zapatero remendón, pero en las horas libres hacía muñecos. Algún tiempo
|
77
|
después, sus muñecos fueron de trapo, con relleno de aserrín. Para ves-
|
91
|
tirlos se esmeró en aprender a manejar la tijera y la aguja.
|
104
|
A los veinte años de edad Julián fabricó el primer muñeco casi perfec-
|
116
|
to. Era un hombre de tamaño natural, vestido con ropa usada, pero
|
131
|
correcta, y cuyo rostro era una notable obra de arte.
|
143
|
(fragmento)
Constancio C. Vigil
uruguayo
EL MUÑECO DE JULIÁN
|
Desde pequeño, Julián se entretenía en hacer muñecos. Los formaba
|
de barro, de género y con cuanto estaba al alcance de sus manos. Con
|
una papa, una zanahoria, una remolacha o un pedazo de madera hacía un
|
lindo muñeco.
|
Cuando salió de la escuela ayudaba en sus tareas a su padre, modesto
|
zapatero remendón, pero en las horas libres hacía muñecos. Algún tiempo
|
después, sus muñecos fueron de trapo, con relleno de aserrín. Para ves-
|
tirlos se esmeró en aprender a manejar la tijera y la aguja.
|
A los veinte años de edad Julián fabricó el primer muñeco casi perfec-
|
to. Era un hombre de tamaño natural, vestido con ropa usada, pero
|
correcta, y cuyo rostro era una notable obra de arte.
|
(fragmento)
Constancio C. Vigil
uruguayo
El anillo del pastor.
|
5
|
Había una vez un pastor que apacentaba su rebaño
|
14
|
en los campos que rodean a Roma. Por la noche,
|
26
|
retiraba las ovejas del redil, comía una poco de pan y
|
38
|
queso, se tendía sobre la paja y dormía. De día,
|
51
|
siempre fuera con las ovejas y el perro, con sol o
|
63
|
tramontana, agua o viento. Lejos de casa durante
|
73
|
meses y meses, siempre solo. Es dura la vida del
|
85
|
pastor.
|
87
|
Una noche, cuando se iba a acostar , oyó una voz
|
99
|
que le llamaba.
|
103
|
- ¡Pastor! ¡Pastor!
|
109
|
- ¿Quién es? ¿Quién me llama?
|
118
|
- Amigos, pastor, amigos.
|
124
|
- La verdad es que, aparte de mi perro, no tengo
|
136
|
muchos amigos. ¿Quién es usted?
|
144
|
- Sólo un caminante, pastor. He andado durante
|
153
|
todo el día y tengo que caminar todo el de mañana.
|
165
|
Yo no tengo dinero para trenes. Me he quedado sin
|
176
|
cena y provisiones. He pensado que a lo mejor
|
186
|
tú…
|
187
|
- Entre y siéntese. No tengo más que pan y queso.
|
199
|
La leche no falta para beber. Si se da por contento,
|
212
|
sírvase.
|
214
|
- Gracias, eres muy generoso. Buen queso este.
|
224
|
¿Lo has hecho tú?
|
230
|
- Con mis propias manos. El pan es un poco viejo,
|
242
|
hasta mañana no me lo traerán fresco. Si fuese ya
|
253
|
mañana por la noche…
|
257
|
- No te preocupes, este pan también es excelente.
|
267
|
Cuando se tiene hambre es mejor el pan pasado hoy
|
277
|
que el fresco mañana.
|
282
|
- Veo que está al tanto de los problemas del
|
291
|
estómago.
|
293
|
(fragmento)
Gianni Rodari
italiano
El anillo del pastor.
|
Había una vez un pastor que apacentaba su rebaño
|
en los campos que rodean a Roma. Por la noche,
|
retiraba las ovejas del redil, comía una poco de pan y
|
queso, se tendía sobre la paja y dormía. De día,
|
siempre fuera con las ovejas y el perro, con sol o
|
tramontana, agua o viento. Lejos de casa durante
|
meses y meses, siempre solo. Es dura la vida del
|
pastor.
|
Una noche, cuando se iba a acostar , oyó una voz
|
que le llamaba.
|
- ¡Pastor! ¡Pastor!
|
- ¿Quién es? ¿Quién me llama?
|
- Amigos, pastor, amigos.
|
- La verdad es que, aparte de mi perro, no tengo
|
muchos amigos. ¿Quién es usted?
|
- Sólo un caminante, pastor. He andado durante
|
todo el día y tengo que caminar todo el de mañana.
|
Yo no tengo dinero para trenes. Me he quedado sin
|
cena y provisiones. He pensado que a lo mejor
|
tú…
|
- Entre y siéntese. No tengo más que pan y queso.
|
La leche no falta para beber. Si se da por contento,
|
sírvase.
|
- Gracias, eres muy generoso. Buen queso este.
|
¿Lo has hecho tú?
|
- Con mis propias manos. El pan es un poco viejo,
|
hasta mañana no me lo traerán fresco. Si fuese ya
|
mañana por la noche…
|
- No te preocupes, este pan también es excelente.
|
Cuando se tiene hambre es mejor el pan pasado hoy
|
que el fresco mañana.
|
- Veo que está al tanto de los problemas del
|
estómago.
|
(fragmento)
Gianni Rodari
italiano
FRONTERA NORTE
|
2
|
Despierta el valle de Azapa. La camioneta corta veloz el fresco del
|
15
|
amanecer. Olor a tierra húmeda envuelve el paisaje, se escurre por las hojas
|
30
|
de los plátanos, y se desparrama por entre los huertos.
|
42
|
Pasan diez, veinte kilómetros. De pronto el camino se lanza contra los
|
56
|
cerros que encajonan el valle y, con parsimoniosas curvas, sube a una larga
|
71
|
planicie que termina en la seca y pedregosa quebrada de Camarones,
|
83
|
llamada sí por la abundancia de enormes cactos candelabros, a los que se
|
97
|
denominan cardones. Dicha quebrada sería en extremo interesante y pinto-
|
107
|
resca, si el áspero camino que la torna aburrida y cansadora, permitiera
|
121
|
disfrutar del panorama.
|
125
|
Al fin, a unos cien kilómetros de Arica, salimos a otra pampa a cuyo
|
141
|
término está el paradero de Zapahuira, a corta distancia del caserío prehis-
|
153
|
pánico del mismo nombre, apartado del camino. Arqueológicamente este
|
164
|
sitio tiene mucho interés por la abundancia de cementerios indígenas en sus
|
176
|
alrededores. También existen allí tambos antiguos, cuyas camas, fabricadas
|
188
|
con una mezcla de tierra y piedras, se mantienen hace siglos. Subiendo, es
|
204
|
el primer sitio donde se encuentran cultivos en andenes.
|
214
|
Unas tazas de café, una breve revisión del vehículo, y nos lanzamos a
|
229
|
trepar los veinte kilómetros que nos separan del portezuelo de Chapiquiña,
|
241
|
situado mil cuatrocientos metros más arriba.
|
248
|
Ahora la vegetación es abundante. Entre el ichu, llamado también paja
|
261
|
brava, y la tola, asoma la cúpula verde de pequeñas yaretas. Y la queñua,
|
279
|
ese atormentado árbol de las grandes alturas, se insinúa aquí como un
|
292
|
arbusto. Rebaños de llamas ramonean por cerros y barrancos salpicados de
|
304
|
flores silvestres. A la distancia, manchas de alfalfa cultivadas en terrazas
|
317
|
brillan como jade en la falda gris de los cerros. Y desde la cumbre, envuelto
|
334
|
en espuma, el río Lauca se despeña de cascada en cascada.
|
347
|
(fragmento)
Alfredo Wormald
chileno
FRONTERA NORTE
|
Despierta el valle de Azapa. La camioneta corta veloz el fresco del
|
amanecer. Olor a tierra húmeda envuelve el paisaje, se escurre por las hojas
|
de los plátanos, y se desparrama por entre los huertos.
|
Pasan diez, veinte kilómetros. De pronto el camino se lanza contra los
|
cerros que encajonan el valle y, con parsimoniosas curvas, sube a una larga
|
planicie que termina en la seca y pedregosa quebrada de Camarones,
|
llamada sí por la abundancia de enormes cactos candelabros, a los que se
|
denominan cardones. Dicha quebrada sería en extremo interesante y pinto-
|
resca, si el áspero camino que la torna aburrida y cansadora, permitiera
|
disfrutar del panorama.
|
Al fin, a unos cien kilómetros de Arica, salimos a otra pampa a cuyo
|
término está el paradero de Zapahuira, a corta distancia del caserío prehis-
|
pánico del mismo nombre, apartado del camino. Arqueológicamente este
|
sitio tiene mucho interés por la abundancia de cementerios indígenas en sus
|
alrededores. También existen allí tambos antiguos, cuyas camas, fabricadas
|
con una mezcla de tierra y piedras, se mantienen hace siglos. Subiendo, es
|
el primer sitio donde se encuentran cultivos en andenes.
|
Unas tazas de café, una breve revisión del vehículo, y nos lanzamos a
|
trepar los veinte kilómetros que nos separan del portezuelo de Chapiquiña,
|
situado mil cuatrocientos metros más arriba.
|
Ahora la vegetación es abundante. Entre el ichu, llamado también paja
|
brava, y la tola, asoma la cúpula verde de pequeñas yaretas. Y la queñua,
|
ese atormentado árbol de las grandes alturas, se insinúa aquí como un
|
arbusto. Rebaños de llamas ramonean por cerros y barrancos salpicados de
|
flores silvestres. A la distancia, manchas de alfalfa cultivadas en terrazas
|
brillan como jade en la falda gris de los cerros. Y desde la cumbre, envuelto
|
en espuma, el río Lauca se despeña de cascada en cascada.
|
(fragmento)
Alfredo Wormald
chileno
ATARDECER |
1
|
El día fue ardiente y húmedo. Alargadas y espesas nubes azules se
|
14
|
ciernen sobre amarillento y pálido cielo del ocaso. Gravitando inmóviles y
|
26
|
extrañas, se aureolan de un fulgor cárdeno y oro cada vez más mortecino. El
|
42
|
aire está extraordinariamente límpido y quieto, y todo él saturado, hasta la
|
56
|
saciedad, del graso y tibio olor de las hojas maduras que fermentan y de la
|
72
|
tierra húmeda que pudre los despojos del bosque.
|
81
|
Al oriente, más allá del angosto valle, por sobre otros cerros, se yergue la
|
98
|
visión de las cordilleras nevadas. Las altas cumbres están en sombras. La
|
112
|
nieve en ellas es de un blanco verdoso, pálido y sutil. El invisible sol poniente
|
129
|
bañe, de la inmensa mole andina, sólo la base de las laderas abruptas que
|
145
|
arden en un rojo carmesí, acusando en rasgos netos, de un contraste
|
159
|
violento, las caprichosas quebradas llenas de profundas sombras violetas.
|
170
|
Lentos suben hacia lo alto de los rayos del sol.
|
181
|
Las nieves se encienden, y mientras por la base de las montañas, con
|
196
|
cendales de bruma, trepa, azul, la noche, a esa hora todos los valles de Chile
|
215
|
se iluminan lentos con el resplandor de las altas nieves lejanas. Es una luz
|
230
|
rosa, suave e incierta, como la primera que fluye, débil, de las lámparas
|
247
|
encendidas al crepúsculo.
|
251
|
Las cordilleras lentamente se apagan. Grises, parecen aún más lejanas.
|
264
|
Detrás de ellas, con una suavidad inenarrable, en marea avasalladora, la
|
278
|
noche asciende con sus aguas sutiles, de un indefinible verde azul, pleno de
|
293
|
quietud y transparencia.
|
297
|
Y han nacido y brillan innumerables estrellas.
|
305
|
En el aire lavado por la lluvia, hasta a los astros más pequeños se los
|
321
|
distingue con claridad. Todos resplandecen nítidos. Parece que esa noche la
|
334
|
alumbrara un número doblemente infinito de mundos desconocidos.
|
343
|
(fragmento)
Pedro Prado
chileno
ATARDECER |
El día fue ardiente y húmedo. Alargadas y espesas nubes azules se
|
ciernen sobre amarillento y pálido cielo del ocaso. Gravitando inmóviles y
|
extrañas, se aureolan de un fulgor cárdeno y oro cada vez más mortecino. El
|
aire está extraordinariamente límpido y quieto, y todo él saturado, hasta la
|
saciedad, del graso y tibio olor de las hojas maduras que fermentan y de la
|
tierra húmeda que pudre los despojos del bosque.
|
Al oriente, más allá del angosto valle, por sobre otros cerros, se yergue la
|
visión de las cordilleras nevadas. Las altas cumbres están en sombras. La
|
nieve en ellas es de un blanco verdoso, pálido y sutil. El invisible sol poniente
|
bañe, de la inmensa mole andina, sólo la base de las laderas abruptas que
|
arden en un rojo carmesí, acusando en rasgos netos, de un contraste
|
violento, las caprichosas quebradas llenas de profundas sombras violetas.
|
Lentos suben hacia lo alto de los rayos del sol.
|
Las nieves se encienden, y mientras por la base de las montañas, con
|
cendales de bruma, trepa, azul, la noche, a esa hora todos los valles de Chile
|
se iluminan lentos con el resplandor de las altas nieves lejanas. Es una luz
|
rosa, suave e incierta, como la primera que fluye, débil, de las lámparas
|
encendidas al crepúsculo.
|
Las cordilleras lentamente se apagan. Grises, parecen aún más lejanas.
|
Detrás de ellas, con una suavidad inenarrable, en marea avasalladora, la
|
noche asciende con sus aguas sutiles, de un indefinible verde azul, pleno de
|
quietud y transparencia.
|
Y han nacido y brillan innumerables estrellas.
|
En el aire lavado por la lluvia, hasta a los astros más pequeños se los
|
distingue con claridad. Todos resplandecen nítidos. Parece que esa noche la
|
alumbrara un número doblemente infinito de mundos desconocidos.
|
(fragmento)
Pedro Prado
chileno
<!--[if !supportFootnotes]-->
<!--[endif]-->
<!--[endif]-->
<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]--> En un estudio realizado por Ximena Torres en el Colegio San Joaquín, se comprueba que en los primeros cursos, la correlación entre velocidad lectora y compresión ( medidas con las pruebas de CLP) es de 0,4. A partir de 5° básico el índice sube a 0,6.
gracias, lo necesitaba para medir,así que agradecesco muchísimo estas lecturas.
ResponderEliminarMuchas Gracias,, me sirvio muchisisimo hay poco material como este..
ResponderEliminarInteresante el proyecto, me gustaria aplicar en mi colegio,pido su permiso.
ResponderEliminarEXCELENTE PROYECTO FELICITACIONES ME PERMITEN APLICARLO EN MI ESCUELA
ResponderEliminarGracias,es un material muy practico para nuestra labor.Dios la bendiga
ResponderEliminarExcelente material de trabajo
ResponderEliminarMuchas gracias por compartir
!Felicitaciones¡
Cariñosamente
María del Rosario
ESTIMADA.
ResponderEliminarTRABAJO EN EDUCADOJUNTOS Y ESTOY INTENTANDO COMUNICARME CONTIGO YA QUE EL MATERIAL QUE PUBLICAS ES DE PROPIEDAD NUESTRA Y DE FUNDACIÓN ASTORECA Y TU NO CUENTAS CON AUTORIZACIÓN PARA UTILIZARLO DE ESTA MANERA YA QUE LAS LECTURAS QUE AHI APARECEN SON DE USO INTERNO Y CONFIDENCIAL.
AGREDECEMOS PONERTE EN CONTACTO A LA BREVEDAD Y BAJAR LA INFORMACIÓN
excelente
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